…..Y LES DARÉ UN CORAZÓN DE CARNE

…..Y LES DARÉ UN CORAZÓN DE CARNE

Por El Contendor

CORAZÓN:  En la Biblia se considera al corazón como el asiento del intelecto, de los sentimientos, de la voluntad y del ser interior. A menudo la palabra corazón entraña la naturaleza moral del hombre caído. (Jer. 17:9). (Diccionario Manual de la Biblia – Merrill C. Tenney)

Según dicen algunos que gustan de las estadísticas, en la Biblia se hace referencia al corazón del hombre más de 850 veces.

Pro 4:23  Sobre toda cosa guardada,  guarda tu corazón;

 Porque de él mana la vida.

El hombre, creado a imagen y semejanza de Dios, fue creado con un corazón limpio, receptivo, apto para comunicarse con su Creador y para estar en comunión con Él.

Pero esta condición del ser humano fue efímera; el engaño de la serpiente astuta (Satanás) consiguió inducir (TENTACIÓN) a la pareja humana a la desobediencia (TRANSGRESIÓN). Con esta actitud maligna, el hombre y la mujer traen sobre sí y sobre sus descendientes la TRAGEDIA que acompañaría, de allí en adelante, a toda la humanidad.

En el “Comentario Bíblico Mundo Hispano” se nos describe muy bien cómo estos eventos de la “triple T” se repiten en nuestra propia experiencia:

Tentación, es la invitación a desobedecer al Señor.

Transgresión, es la violación de la orden del Señor.

Tragedia, es el resultado de la desobediencia.

Esto produjo que el pecado se instalara en el corazón del hombre y la naturaleza del mismo planeta se volvió contra él.

Vemos que en la misma generación de Adán y Eva acontece el primer homicidio: el primer hijo de Eva, Caín, asesina a su hermano Abel, pues en el corazón de Caín se albergaba la envidia contra su hermano (Gen 4: 3-7). Esto muestra que la condición natural del corazón humano es similar a la de una piedra: es duro, es frío, insensible, inconmovible, sordo, muerto.  Algunas de las características mencionadas las podemos ver reflejadas en:

Zac 7:9  Así habló Jehová de los ejércitos,  diciendo:  Juzgad conforme a la verdad,  y haced misericordia y piedad cada cual con su hermano;

Zac 7:10  no oprimáis a la viuda,  al huérfano,  al extranjero ni al pobre;  ni ninguno piense mal en su corazón contra su hermano.

Zac 7:11  Pero no quisieron escuchar,  antes volvieron la espalda,  y taparon sus oídos para no oír;

Zac 7:12  y pusieron su corazón como diamante,  para no oír la ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu,  por medio de los profetas primeros;  vino,  por tanto,  gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos.

Un corazón de piedra no juzga conforme a la verdad, ni hace misericordia ni tiene piedad para con su prójimo, es indiferente, inconmovible frente al sufrimiento, a la opresión y al infortunio del prójimo (llámese pobre, extranjero, huérfano, viuda,) es proclive a pensar mal contra su hermano.

En Lucas 10:30-37 [leer completa] encontramos esta parábola del ”buen samaritano” donde, ante una pregunta de un experto en la ley, el Señor aprovecha para poner en evidencia la actitud hipócrita de sacerdotes y levitas,( propia de corazones endurecidos) que se jactaban de cumplir la ley y decían amar a Dios, pero ellos como que eran judíos, como tales odiaban y despreciaban a los samaritanos.

Nunca mejor aplicado 1Juan 4:20  “Si alguno dice: Yo amo a Dios,  y aborrece a su hermano,  es mentiroso.  Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto,  ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?”

Respecto de la parábola del buen samaritano, leemos en el comentario bíblico de Matthew Henry: “Cristo da el ejemplo de un pobre judío en apuros, socorrido por un buen samaritano. Este pobre judío cayó en manos de ladrones que lo dejaron herido y casi moribundo. Los que debieron ser sus amigos [el sacerdote y el levita ] lo pasaron por alto, y fue atendido por un extranjero, un samaritano, de la nación que los judíos más despreciaban y detestaban, con quienes no querían tratos.”

Aquí podemos ver la actitud del corazón de piedra del sacerdote y del levita, contrastando con la de un corazón tierno, cálido, sensible, piadoso y misericordioso, el del samaritano, que obró sin interés de recompensa alguna movido por el amor y la compasión hacia su prójimo infortunado y sufriente.

“Es lamentable observar cuánto domina el egoísmo en todos los rangos; cuántas excusas dan los hombres para ahorrarse problemas o gastos en ayudar al prójimo. El verdadero cristiano tiene escrita en su corazón la ley del amor. El Espíritu de Cristo habita en él; la imagen de Cristo se renueva en su alma. La parábola es una bella explicación de la ley de amar al prójimo como a uno mismo, sin acepción de nación, partido ni otra distinción”.

Como hemos visto, luego de su caída, lo que albergaba  el corazón del hombre ya no era del agrado de Dios:

Gén 6:5  Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra,  y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal.

Gén 6:6  Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra,  y le dolió en su corazón.

Y hasta el día de hoy, todo ser humano aloja en su interior ese corazón de piedra, propio de su naturaleza, aunque en el concepto de él mismo y  los demás, tenga la apariencia de “buena persona”. De nada valen las buenas obras, la filantropía de los ricos que se muestra y se hace pública (como lo hacen las notorias personalidades del espectáculo, del deporte, de la política etc.) si en su interior sigue estando el corazón inconverso. Estas buenas obras son más bien una forma de aliviar sus conciencias ante ellos mismos y ante los demás, pero no delante de Dios. Ningún ser humano es capaz de cambiar su corazón por más grandes esfuerzos que haga.

Jer 17:9  Engañoso es el corazón más que todas las cosas,  y perverso;   ¿quién lo conocerá?

Jer 17:10  Yo Jehová,  que escudriño la mente,  que pruebo el corazón,  para dar a cada uno según su camino,  según el fruto de sus obras.

 

Dice el gran predicador Charles Spurgeon estas duras palabras: “”….lo más extraño de todo es que el hombre que tiene un corazón engañoso, lleno de todo tipo de concupiscencias perversas, y de adulterio, y de idolatría, y de lujuria, presuma ser un individuo de buen corazón, y se precie de contar al menos con buenos puntos que merecen la veneración de sus semejantes, si no es que merecen también alguna consideración del Altísimo. ¡ Ah, naturaleza humana!, esta es, entonces, tu propia condenación, porque eres insensatamente orgullosa, cuando no tienes por qué ser orgullosa. Escribe sobre ella “ICABOD”[1 Samuel 4:21 “Traspasada es la gloria de Israel”]. Traspasada es la gloria de la naturaleza humana para siempre. Que sea quitada, y que Dios nos dé algo nuevo pues lo viejo no puede ser compuesto. La naturaleza humana es irremediablemente insensata, decrépita e inmunda. Además, es muy cierto que la naturaleza humana no puede ser mejorada, pues muchos lo han intentado, pero siempre han fracasado.  Quien trata de mejorar la naturaleza humana es como el que procura cambiar la posición de una veleta, girándola hacia el este cuando el viento sopla en dirección oeste; basta que quite su mano, y la veleta retoma su lugar. Así he visto a muchos que tratan de controlar a su naturaleza: él es un hombre de mal carácter, y está tratando de controlarlo un poco y lo logra, pero vuelve a manifestarse el mal carácter, y si no se desahoga en el instante, y si las chispas no vuelan por todos lados, quemará sus huesos por dentro hasta ponerlos incandescentes con el calor de la malicia, y permanecerá  dentro de su corazón un residuo de cenizas de venganza.””

 

Pero Dios no nos ha abandonado. El pueblo de Israel, pueblo elegido de  Dios para que de él venga la salvación para los hombres fue, y es, un pueblo rebelde a Sus designios. Pero Dios, en su misericordia, les hizo una maravillosa promesa que, estando  en Cristo, se cumple también para nosotros, los gentiles, (los que no pertenecemos al pueblo judío).

Eze 36:25  Esparciré sobre vosotros agua limpia,  y seréis limpiados de todas vuestras inmundicias;  y de todos vuestros ídolos os limpiaré.

Eze 36:26  Os daré corazón nuevo,  y pondré espíritu nuevo dentro de vosotros;  y quitaré de vuestra carne el corazón de piedra,  y os daré un corazón de carne.

Eze 36:27  Y pondré dentro de vosotros mi Espíritu,  y haré que andéis en mis estatutos,  y guardéis mis preceptos,  y los pongáis por obra.

Seguimos con algunos conceptos de Charles Spurgeon:  ””Cuando Dios pone un nuevo corazón en el hombre, no es porque el hombre merezca un nuevo corazón. No es porque haya algo bueno en su naturaleza por lo que Dios le da un nuevo espíritu. El Señor simplemente le da al hombre un corazón nuevo porque así le agrada; esa es Su única razón. “Pero,- podrías comentar-, “supón que un hombre clame por un corazón nuevo.” Yo respondo, nadie clamó alguna vez por un corazón nuevo antes de recibirlo, pues el clamor por un corazón nuevo demuestra que ya hay un nuevo corazón. Pero, dirá alguien, “¿no debemos buscar un espíritu recto?” Sí, yo sé que es tu deber buscarlo, pero igualmente sé que es un deber que no cumplirás nunca. Se les ordena que tengan nuevos corazones, pero yo sé que no los tendrán nunca, a menos que Dios se los dé. Tan pronto como empiezan a buscar un nuevo corazón, hay una evidencia presuntiva que el nuevo corazón ya está allí, en germen, pues no habría podido germinar esta oración, a menos que las semillas no estuvieran antes allí.””

“”Ahora, nosotros tenemos en este tema un grandioso campo de esperanza y de aliento para los pecadores más viles. Queridos lectores, permítanme dirigirme a ustedes muy afectuosamente. Hay algunos de ustedes que están buscando misericordia; por muchos días han estado orando en secreto, y sus rodillas ya les duelen por la insistencia de su intercesión.  Su clamor a Dios ha sido: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, y renueva un espíritu recto dentro de mí.” Permítanme consolarlos con esta reflexión: su oración ya ha sido escuchada. Ustedes tienen un nuevo corazón y espíritu recto: tal vez no serán capaces de percibir la verdad de esta afirmación en los próximos meses, por tanto, continúen en oración hasta que Dios haya abierto sus ojos, para que vean que la oración ha sido respondida; pero pueden estar seguros que ya ha sido respondida. Si tú odias el pecado, no es tu naturaleza humana la que lo odia; si anhelas ser un amigo de Dios, no es tu naturaleza humana la que así anhela; si deseas ser salvado por Cristo, no es tu naturaleza humana la que lo desea; si tú ansías, sin estipulaciones de tu parte, si tú quieres hoy que Cristo te haga Suyo, que te preserve y te guarde, en la vida y en la muerte, si estás deseoso de vivir para servirle, y si fuese necesario, listo también a morir por Su honor, eso no proviene de tu naturaleza humana: es obra de la gracia divina. Ya hay algo bueno en ti; el Señor ha comenzado una buena obra en tu corazón, y Él la perfeccionará hasta el fin. Todos estos sentimientos tuyos son mucho más de lo tú pudiste haber alcanzado por ti mismo. Dios te ha ayudado a subir los peldaños de esta divina escalera de gracia, y tan cierto como te ha ayudado a subir todos estos escalones, te seguirá llevando hasta la cima, hasta que te tome en los brazos de Su amor en la gloria eterna.

¡ AMÉN ¡

—————-

NOTA DEL ADMINISTRADOR: Este artículo ha sido tomado del blog amigo EL CONTENDOR POR LA FE.

Esta entrada fue publicada en El Contendor y etiquetada , . Guarda el enlace permanente.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s