¿A Quién Iremos?

¿A Quién Iremos?

Autor: Sergio A. Perelli

La pregunta que leemos como título de este artículo, interesantemente fue pronunciada por Simón Pedro, en respuesta a una pregunta que Jesús les formuló directamente a los doce: “¿Queréis acaso iros también vosotros?” (Juan 6:67).

Pero, ¿qué fue lo que ocasionó que de los labios de nuestro Señor brotara una pregunta tan incisiva o tajante?

El relato previo del Evangelio que ya he citado, nos deja saber de que Jesús había regresado a Capernaum, escapando de una multitud que tenía las intenciones de “apoderarse de él y hacerle rey” (6:15), después de haber alimentado a unos cinco mil varones con cinco panes de cebada y dos pececillos.

En el mismo comienzo de su ministerio público y después de ser bautizado por Juan el Bautista en las aguas del río Jordán; “Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo” (Mateo 4:1).

Y Ustedes recuerdan, ¿en qué consistió la tercera tentación? Satanás, llevó a Jesús a la cima de un monte y desde allí “le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares” (4:8).

El diablo aunque en la tentación en el desierto demostró conocer muy bien las Escrituras; es obvio que había interpretado incorrectamente las palabras proféticas que el ángel Gabriel le había pronunciado a María cuando le anunció del nacimiento de Jesús: “Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin(Mateo 1:32, 33).

Por lo tanto, en aquel día; astutamente le ofreció a nuestro Señor, convertirse en el rey del Planeta Tierra, pero nosotros conocemos la respuesta que le dio Jesús a Satanás que trajo como resultado que el diablo lo dejara.

En la ocasión de la alimentación de los cinco mil varones; observamos que la gente persistió en su plan de acción, y al día siguiente: “fueron a Capernaum buscando a Jesús y hallándole le dijeron: Rabí, ¿cuándo llegaste acá?” (Juan 6: 25).

Uno pudiera pensar que Jesús se derritió de emoción al presenciar que una multitud de personas, se tomaron la molestia de venir a buscarlo a la ciudad en donde vivía, aún desde otras poblaciones ubicadas al otro lado del Mar de Galilea; y en especial sabiendo que deseaban “hacerle rey”.

Miles de pastores, evangelistas y apóstoles de la Iglesia de Siglo XXI; le hubieran solicitado a sus directores del Ministerio de Relaciones Públicas o de Marketing, llamar a todos los medios de comunicación de la ciudad, para dejarles saber de la fama e impacto social de sus ‘ministerios’ o mejor dicho de sus reinos terrenales. ¡No ocurrió así con Jesús!

Previo al milagro de la alimentación de los cinco mil, El ya había establecido con muchísima claridad que: “Gloria de los hombres no recibo” (Juan 5:41) (Continuará)

*Este artículo ha sido publicado en este blog con el permiso del pastor Sergio A. Perelli

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