“Entendiendo la Cruz y la Resurrección” (cuarta parte)

Por Pablo Santomauro

Continuación de

“Entendiendo la Cruz y la Resurrección” (cuarta parte)

10. ¿Por qué una cruz? ¿Por qué no otro método de ejecución? ¿Se ha preguntado usted lo anterior? Nunca me olvidaré cuando un hermano invitado a enseñar en la iglesia a la que yo concurría en el pasado, dijo textualmente, refiriéndose a la muerte sacrificial de Jesús: “Dios pudo habernos salvado de otra manera si hubiera querido. Yo no sé porqué él determinó que su Hijo muriera en una cruz, pero sí sé que gracias a ello yo he sido salvo”. La declaración, llena de candor cristiano, provocó varios “amén” y no pocos “aleluyas”, pero en realidad revelaba poco entendimiento del plan de salvación de Dios.

Confieso que en aquel tiempo, siendo yo un cristiano tierno (si es posible imaginar tal cosa de mí), la afirmación del maestro a lo sumo no me pareció muy disparatada, pero sí lo suficientemente provocativa como para despertar mi curiosidad. A pesar de estar viviendo la época romántica obligada de todo recién convertido con el Señor, me sumergí un tanto en la doctrina de la sotereología y en la soberanía de Dios buscando apoyo para las palabras del invitado a predicar.

Lo que encontré fue exactamente lo contrario. Descubrí que aun la soberanía de Dios está limitada por las leyes que él mismo ha impuesto sobre su universo y la historia, incluyendo la historia de la redención. Algo que no debe escapar a nuestra consideración es que en el plan de Dios nada es caprichoso, nada es fortuito, todo tiene su razón de ser. La cruz no fue un accidente en la vida de Jesucristo. En el sacrificio de Cristo es donde podemos observar con más claridad, la relación misteriosa entre los acontecimientos pre-ordenados por Dios y el libre albedrío de los hombres.

Una vez más, planteamos las preguntas: ¿Por qué el instrumento de ejecución usado para Cristo fue la cruz? ¿Por qué no otro método? ¿Pudo Dios haber provisto un método de salvación diferente? La respuesta es NO. Vamos, entonces, a ver de cerca las diferentes coordenadas en la historia de la cruz, y como el plan de Dios, ya ordenado desde la eternidad, prevalece sobre los planes de los hombres, sin quitar la responsabilidad de los seres humanos que fueron actores en el drama de la cruz.

Oswald Chambers dijo: “Todo el cielo está interesado en la cruz de Cristo, todo el infierno le teme (Satanás y sus huestes), mientras que los humanos son los únicos seres que en mayor o menor medida ignoramos su significado”.

Repasemos el texto de Juan 19:1-16:

19:1 Asi que, entonces tomó Pilato á Jesús, y le azotó.
19:2 Y los soldados entretejieron de espinas una corona, y pusiéron la sobre su cabeza, y le vistieron de una ropa de grana;
19:3 Y decían: ¡Salve, Rey de los Judíos! y dábanle de bofetadas.
19:4 Entonces Pilato salió otra vez fuera, y díjoles: He aquí, os le traigo fuera, para que entendáis que ningún crimen hallo en él.
19:5 Y salió Jesús fuera, llevando la corona de espinas y la ropa de grana. Y díceles Pilato: He aquí el hombre.
19:6 Y como le vieron los príncipes de los sacerdotes, y los servidores, dieron voces diciendo: Crucifícale, crucifícale. Díceles Pilato: Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo en él crimen.
19:7 Respondiéronle los Judíos: Nosotros tenemos ley, y según nuestra ley debe morir, porque se hizo Hijo de Dios.
19:8 Y como Pilato oyó esta palabra, tuvo más miedo.
19:9 Y entró otra vez en el pretorio, y dijo á Jesús: ¿De dónde eres tú? Mas Jesús no le dió respuesta.
19:10 Entonces dícele Pilato: ¿A mí no me hablas? ¿no sabes que tengo potestad para crucificarte, y que tengo potestad para soltarte?
19:11 Respondió Jesús: Ninguna potestad tendrías contra mí, si no te fuese dado de arriba: por tanto, el que á ti me ha entregado, mayor pecado tiene.
19:12 Desde entonces procuraba Pilato soltarle; mas los Judíos daban voces, diciendo: Si á éste sueltas, no eres amigo de César: cualquiera que se hace rey, á César contradice.
19:13 Entonces Pilato, oyendo este dicho, llevó fuera á Jesús, y se sentó en el tribunal en el lugar que se dice Lithóstrotos, y en hebreo Gabbatha.
19:14 Y era la víspera de la Pascua, y como la hora de sexta. Entonces dijo á los Judíos: He aquí vuestro Rey.
19:15 Mas ellos dieron voces: Quita, quita, crucifícale. Díceles Pilato: ¿A vuestro Rey he de crucificar? Respondieron los pontífices: No tenemos rey sino á César.
19:16 Así que entonces lo entregó á ellos para que fuese crucificado. Y tomaron á Jesús, y le llevaron.

Las autoridades judías tenían dos objetivos en mente al enjuiciar a Cristo. El primero era simplemente matarlo porque lo odiaban; lo odiaban porque no podían soportar la luz de su vida y la verdad de sus palabras. El segundo era demoler sus reclamos al título de Mesías. Habían distorsionado tanto el Antiguo Testamento y sus pasajes proféticos, junto con los pasajes que hablaban de la naturaleza y la obra del Mesías, que cuando el Mesías estuvo frente a ellos no supieron identificarlo.

Para lograr el primer objetivo, o sea matarlo, dependían totalmente de Pilato, quien era el único que tenía poder para autorizar la ejecución. Claro que deben haber considerado, por un tiempo al menos, matarlo secretamente para no atraer la atención de los romanos. Pensamos que deben haber desistido de este plan por la posibilidad de una revuelta popular. Es más, los intentos de apedrearlo fracasaron, ya sea por indecisión de ellos o simplemente por el poder mismo de la presencia de Cristo.

Para lograr el segundo objetivo, lo más fácil era lograr su arresto, traer desgracia sobre él públicamente, y condenarlo a muerte. De ser posible, los cargos de traición se presentarían, porque ello significaba la crucifixión, la más denigrante de las ejecuciones, sin lugar a dudas.

Si acaso alguna intervención divina ocurriera para rescatar a Jesucristo, los judíos se hubieran persuadido y hubieran inmediatamente aceptado sus reclamos mesiánicos.

Entre los judíos existían solamente cuatro métodos para ejecutar a los hombres condenados por un crimen capital:

1) Estrangulamiento
2) Apedreamiento
3) Por fuego
4) Decapitación

La crucifixión no era uno de ellos. El menos severo de todos era el primero, estrangulamiento, porque no mutilaba el cuerpo seriamente. Quemar al reo era como una forma de profanar el cuerpo, sólo se hacía después que el reo había sido apedreado y estaba muerto (el Mishna parece incluirlo como una pena de muerte).

Ahora, si frente a la pregunta de Pilato, ¿Qué, pues, haré de Jesús, llamado el Cristo? los judíos hubieran contestado “quemadlo”, los planes de Dios para la redención del hombre hubieran sido frustrados. Lo mismo hubiera pasado si lo hubieran apedreado o decapitado.

Solamente la crucifixión podía ajustarse o encajar en el propósito de Dios en cuanto al plan de salvación. Sólo la cruz pudo proveer el altar donde Jesucristo pudo, deliberadamente, sin ninguna presión exterior, sino por su propia voluntad, ofrecerse a sí mismo como el cordero sacrificial.

En cualquier otra forma de ejecución se hubiera necesitado un milagro para mantenerlo vivo lo suficiente como para que su sacrificio sea voluntario, mientras que en la cruz, fue un milagro el hecho de que muriera cuando murió.

Paso a explicarme: Es muy difícil para nosotros hoy en día saber cuánto tiempo una persona puede durar completamente consciente de su situación durante su agonía en la cruz,. La historia ha mostrado que los poderes del cuerpo humano para sobrevivir lesiones físicas son realmente extraordinarios. Los doctores G.M. Gouls y W.L. Pile, en su estudio de “Anomalías y Curiosidades de la Medicina”, nos brindan numerosos ejemplos sorprendentes. Una ilustración bastaría:

“Por lo tanto, no es extraordinario enterarnos que los hombres han sobrevivido la crucifixión por días, antes de sucumbir ante la muerte por hambre, exposición a las inclemencias del tiempo, envenamiento séptico, o mutilación por animales de presa (mamíferos, aves e insectos). Unos pocos han sido, por una razón o por otra, bajados de la cruz y se han recuperado de la experiencia. Josefo (historiador judío) tuvo la oportunidad de ver un sin número de sus compatriotas crucificados por los romanos en el tiempo de la caída de Jerusalén bajo las tropas del general Titus. Josefo escribió en cierta instancia:

“Ví muchos cautivos crucificados, y reconocí a tres de ellos que habían sido conocidos míos. Yo me conmoví ante ésto, fui ante Titus (Tito) con lágrimas en mis ojos, y le hablé de ellos. El inmediatamente dio la orden de bajarlos y que se les diera el mejor cuidado posible para que se recuperaran. A pesar de esto, dos de ellos murieron bajo el cuidado del médico mientras que el tercero se recuperó”. (Antigüedades de los Judíos, &75, p.21). Por lo menos uno sobrevivió, y probablemente, con el cuidado médico apropiado los tres hubieran vivido. Claro, no sabemos cuanto tiempo colgaron en la cruz”.

¿Cuánto tiempo puede un hombre sobrevivir en la cruz?

En 1617, Jacobus Bosius publicó una obra titulada “Crux Triunphans et Gloriosa”, en la cual nos cuenta de la crucifixión del apóstol Andrés, del cual se dijo que vivió en la cruz por dos días – también se refiere en la misma obra a la crucifixión de Victor, Obispo de Amiterna, que a pesar de haber sido crucificado cabeza abajo, sobrevivió por dos días. Bosius señala que, de acuerdo con Origen, éste era el período normal de sobrevivencia cuando no se usaban otros medios para terminar con la vida del reo. La muerte, en el caso de los que eran colocados boca abajo era acelerada por desnutrición, ya que era imposible beber o comer nada. (Bosius, Jacobus, Crux Triumphans et Gloriosa , Antwerp, 1617, pp. 8, 43,47,94, 112-115. Acorde con W.S. McBirnie, un acta preservada en la Iglesia de ST. Andrew en Patras, Acaya, donde él fue martirizado, dice que él fue crucificado a sobrevivió por tres días [The Search for the Twelve Apostles , Wheaton, Tyndale Press, 1977, p.85], cit. en Seed of the Woman, Arthur Custance.)

Una historia bien conocida y mencionada también por Bosius es la de Timoteo y Maura, un matrimonio que sufrió durante la persecución del emperador Diocleciano en el año 286 DC. Luego de ser horriblemente torturados, estos dos cristianos fueron crucificados juntos, y de acuerdo con testigos confiables, ellos sobrevivieron nueve días exhortándose uno al otro en la fe, expirando finalmente en el décimo día. Suponemos que ellos tuvieron acceso a agua, ya sea de lluvia o por mano de alguien presente.

William Stroud, en su obra clásica “Las causas físicas de la muerte de Cristo”*, cree que esto fue posiblemente una exageración. Pero nosotros no tenemos necesariamente que estar de acuerdo. Sobrevivir por nueve días sin comida no es para nada extraño si de alguna manera hay provisión de agua y las condiciones del tiempo son apropiadas.
*(Stroud, William, The Physical Causes of the Death of Christ, N.Y.’ Appleton, 1871, p. 422)

De acuerdo con Alban Butler, en el año 297 DC, por orden del emperador Maximiano, siete cristianos en Samosata fueron sujetos a diversas torturas y luego crucificados. Hipparchus, uno de ellos, hombre anciano y venerable, murió en la cruz en breve tiempo. Santiago, Romanus y Lollianus, expiraron al siguiente día, siendo acuchillados por los soldados mientras estaban en sus cruces. Philotheus, Habibus y Paragrus, fueron bajados de su cruces aún estando vivos. El emperador, una vez informado de que aun vivían, dio la orden de que grandes clavos fueran introducidos en sus cabezas, con lo cual fueron finalmente despachados (Butler, Alban, Lives of the Fathers, London, 1812-1815, Vol. VI, p. 251,252).

William Stroud menciona un reporte del Obispo Wiseman escrito en 1828, en el cual un hombre joven, de gran fortaleza física, fue crucificado en 1247 D.C., debajo del muro de Damasco por haber dado muerte a su señor (amo). El obispo reportó que a pesar de que este hombre fue clavado a la cruz en sus manos, sus brazos y sus pies, se conservó con vida desde el mediodía del viernes hasta el mediodía del domingo, un período de 48 horas (Wiseman, Bishop, Twelve Lectures on the Connection Between Science and Religion, London, 1836, Vol. 1, p. 265 ff).

John Kitto mencionó dos mujeres que fueron crucificadas, pero por alguna razón fueron bajadas de la cruz luego de un período de tres horas. Ellas experimentaron un dolor intenso, aparentemente de la extracción de los clavos, pero aparte de eso sufrieron muy poco daño y pronto se recuperaron. Kitto expresó su creencia de que, basado en su investigación de actos de crucifixión en la antigüedad, que el lapso de tiempo más corto en el cual la crucifixión ocasiona la muerte en un adulto sano es de 36 horas (Kitto, John, A Cyclopedia of Biblical Literature, Edinburgh, Black, 1845, Vol. 1, under Crucifixion, p. 500).

Ahora, volviendo a nuestro Señor Jesucristo, es posible que los judíos tuvieran la expectativa de que Pilato ejecutara a Jesús primero, y luego les entregara su cuerpo a ellos para que ellos dispusieran de éste a su voluntad. Ciertamente podemos decir que las implicaciones de las conversaciones con Pilato dejan entreveer esto.

Y eso hubiera sido lo que le convenía a los judíos, lo que se ajustaba mejor a sus planes. ¿Por qué? Porque luego de recibir el cuerpo de manos de Pilato, ellos lo hubieran puesto en un madero, exhibiéndolo, y de esa forma hubieran demolido la fuerza del reclamo mesiánico de Cristo sin el riesgo de crear un disturbio entre la gente. Al exponer el cuerpo de Jesús en el madero en forma pública quedaría claro para la gente, pensaban los líderes, que la maldición de Dios estaba sobre él. Ellos esperaban que Pilato lo matara y luego se los entregara muerto, de esa forma se evitaban la posibilidad de una revuelta popular.

Es por ello que cuando Pilato les dijo, en Juan 19:6: “Tomadle vosotros, y crucificadle; porque yo no hallo delito en él”, los judíos responden de una manera muy peculiar: “Nosotros tenemos una ley, y según nuestra ley debe morir”.

¿Se dan cuenta? Lo esperado en un caso de estos era que los judíos hubieran dicho: “¡Bravo! ¡Fantástico! ¡Gracias Pilato! Eso es lo que queríamos”. Pero no, sus palabras fueron muy diferentes.

Pilato les dice: “Tómenlo, les doy el derecho o la autoridad de crucificarle”. La respuesta de los judíos más adecuada hubiera sido: “Está bien, lo haremos nosotros”. Pero no, los judíos dijeron: “Nosotros tenemos una ley y según nuestra ley debe morir”.

Puesto de otra forma, lo que los líderes judíos dicen es: “Si nos entregas a Jesús, aun dándonos el derecho de crucificarle nosotros, es muy probable que no muera en la cruz. ¿Por qué? Porque la ley mosaica nos obliga a bajar el cuerpo al final del día, cuando el sol se pone, y es muy probable que para ese entonces no esté aun muerto. Y en ese caso tenemos que proceder a conservarle la vida”.

Tengan en cuenta que ya la mañana estaba avanzada, y sólo quedaban de doce a catorce horas antes de que cayera la noche. Hasta fue posible que Pilato supiera la parte de la ley en Deuteronomio 21:22-23, que prohibía dejar a nadie en un madero toda la noche:

“Si alguno hubiere cometido algún crimen digno de muerte; y lo hiciereis morir, y lo colgareis en un madero (observen que primero es morir – la ejecución – y luego el colgar en un madero) no dejaréis que su cuerpo pase la noche sobre un madero; sin falta lo enterrarás el mismo día, porque maldito por Dios es el colgado, y no contaminarás tu tierra que Jehová te da por heredad”.

El nuevo día comenzaba a las 6 pm, sólo quedaban de 12 a 14 horas para que Jesucristo colgara en la cruz. La posibilidad de que Jesucristo sobreviviera la crucifixión era factible. Es por esto que los judíos rechazan la proposición de Pilato de que ellos llevaran a cabo la ejecución mediante el método de crucifixión.

Pilato no sólo sabía la ley de Dt. 21:22-23, sino que sin duda también conocía la capacidad del cuerpo humano de sobrevivir esta clase de ejecución.

Ahora, cuando Pilato escuchó, “Nosotros tenemos una ley y según nuestra ley debe morir”, se nos dice que Pilato temió aun más por la vida del prisionero (“Cuando Pilato oyó decir esto, tuvo más miedo” Jn. 19:8). Esto nos indica que él sabía que entregar el prisionero a los judíos para que lo crucificaran ellos mismos, no iba a resultar en la muerte del prisionero.

Si la crucifixión era llevada a cabo por los romanos, entonces los judíos sabían que la muerte del prisionero estaba asegurada (debido a que los romanos los dejaban morir en la cruz, o en su defecto, les rompían las piernas si era la víspera del sábado, solo por respeto a los festivos religiosos de la nación).

Inferencia: Pilato los invitó a crucificarlo, pero no a ejecutarlo.

Posible objeción a la inferencia anterior: Los judíos podían haberlo crucificado y luego de unas horas le podrían haber quebrado las piernas para que muriera por sofocación.

Respuesta: Por más odio que los judíos albergaran, realmente no eran tan crueles, de tanta sangre fría como para asestar un golpe de gracia a Jesús de esa forma, al menos no delante de tantas personas presenciando el hecho alrededor de la cruz.

Nosotros reconocemos que la mayoría de los comentaristas no ven a Pilato tan favorablemente como nosotros lo hacemos. Algunos piensan que Pilato tuvo miedo simplemente porque era un hombre supersticioso y temía que el Señor podría hacerle daño más tarde por medio de la magia. Yo creo que la evidencia muestra a Pilato como un hombre de carácter medianamente decente.

Supongamos por un momento que Pilato no sólo estaba convencido de que Jesús era inocente de los cargos que se le imputaban, sino que también fue genuinamente impresionado por la estatura del hombre que tenía frente a sí. No tenemos que suponer que Pilato comprendió quién era Jesús, su identidad o su misión. El simplemente estudió al hombre, estudió a la situación, y se dio cuenta que los judíos lo habían entregado por envidia, y nada más. (“Porque conocía que por envidia le habían entregado los principales sacerdotes…” Mr. 15:10).

Pilato también debió ser un hombre conocedor de las costumbres judías, de la ley y la mentalidad nacional de la época. Los romanos no eran tontos, eran administradores muy capaces, y a pesar de ser crueles para castigar criminales, parecían tener un sentido de la justicia bien desarrollado – con excepción de cómo trataban a los esclavos. Es prácticamente ilógico que los romanos nombraran gobernadores a hombres que no conocían las costumbres y las leyes de los pueblos que iban a gobernar.

Sumado a esto, Pilato sabía que la crucifixión de una persona viva significaba una agonía lenta hasta la muerte. Prueba de ello es que se sorprendió (ethaumasen) de que el Señor hubiese muerto tan pronto, aun después de haber sido torturado antes de la cruz (“Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto; y haciendo venir al centurión, le preguntó si ya estaba muerto” Mr. 15:44). Era completamente fuera de la ordinario que cualquier persona crucificada muriera en tan pocas horas.

Entonces, volviendo atrás, cuando Jesús es sacado afuera (Jn. 19:40), luego de haber sido maltratado y ridiculizado, Pilato les mostró a los judíos un hombre lastimosamente desfigurado, más allá del punto de reconocimiento. Pilato les dijo prácticamente: “He castigado a este hombre ha pesar de que no hay en él ningún delito de traición o de nada”. Lo que hizo Pilato fue un intento de apelar a la compasión de los judíos para que sintieran lástima por Jesucristo, pero le salió el tiro por la culata.

Que Cristo no había cometido delito de traición al imperio romano era precisamente lo que la multitud no quería escuchar. Si Pilato hubiera dicho, “Este hombre es culpable de traición, estaba planeando derrocarnos”, la simpatía de la multitud se hubiera inclinado quizá totalmente a favor de Jesús, y él hubiera proyectado, involuntariamente, la imagen mesiánica que sus deseos habían fabricado.

No hubiera sido nada extraño que Pilato, al ver la hostilidad de la gente en aumento, les hubiera dicho, “¿Qué es lo que quieren de mí?” Y cuando ellos gritaron, “Crucifícale, crucifícale” – en ese punto, Pilato ya dijo: “Muy bien, si debe ser así, a los efectos de conservar la paz, tomadle vosotros y crucificadle”.

La respuesta de las autoridades judías ya la hemos visto. Pilato entonces vuelve a la quietud del pretorio (v.9) a interrogar a Jesús. Al leer los cuatro evangelios, es difícil no llevarse la impresión de que Pilato estaba realmente consternado con lo que estaba pasando. Pero tuvo problemas para tomar una decisión en cuanto a lo que debía hacer. Entonces, una vez más toma su prisionero, lo presenta a la multitud, y dice: “¡He aquí vuestro rey!” (v.14), y cuando ellos gritaron: “¡Fuera, fuera, crucifícale!”, repentinamente se dio cuenta, por fin, de lo que los judíos esperaban de él. Es por ello que dice en en el v. 15: “¿Ustedes están en realidad pidiéndome que crucifique a vuestro rey por ustedes?”

En ese momento, Pilato debe haber comprendido claramente que si bien los judíos estaban decididos a ver a Cristo crucificado, no tenían el suficiente estómago como para crucificarlo (colgarlo de un madero) ellos mismos, a menos que Jesús estuviera muerto primero.

Ellos contestaron “No tenemos más rey que César”, y ahí Pilato fue dejado sin otra alternativa desde el punto de vista político. A partir de ese entonces las implicaciones políticas tomaron preferencia sobre lo que hasta ahora habían sido consideraciones humanitarias y morales. Pilato entregó a Jesús en manos de los judíos, pero en custodia de los soldados romanos. El versículo 16 dice: “Así que entonces lo entregó a ellos para que fuese crucificado. Tomaron pues a Jesús y le llevaron”.

Cerramos este punto aquí. Dios, en su plan, había determinado desde antes de la creación del mundo, que la muerte de Jesús se iba a producir en una cruz.

Inferencias:

1) Todos los intentos de los humanos por que Jesucristo muriera en una forma diferente no tuvieron éxito. Los intentos de los judíos de matar a Jesús medicante apedreo, fracasaron.

2) Aun el intento de que Pilato ejecutara a Jesús primero y luego se lo diera a los líderes judíos para que estos lo colgaran en un madero, ya muerto, como los judíos acostumbraban, también fracasó.

3) Los planes de Pilato de salvar a Jesús también fracasaron. El plan de Dios no pierde detalle, y a medida que se cumple al pie de la letra, no quita un gramo de responsabilidad de los hombros de aquellos que participaron en todo este drama.

4) También podemos decir con confianza que si los romanos hubieran usado cualquier otro método de ejecución (envenenamiento, desangrado, decapitación, ahogamiento, etc.), el plan de Dios hubiera sido frustrado debido a que sólo la cruz podía proveer el tiempo necesario para que sucedieran ciertas cosas necesarias, imprescindibles, para nuestra redención.

5) También el procedimiento necesario para traer a Cristo a la cruz, es decir, el enjuiciamiento en tres diferentes tribunales, fue necesario para establecer la inocencia de Cristo. Si lo hubieran asesinado los judíos en uno de sus arranques donde estuvieron a punto de apedrearlo, los testigos necesarios para establecer la inocencia o culpabilidad del prisionero no hubieran quedado registrados en la historia.

6) El factor tiempo – Hubo obras que Jesucristo tuvo que cumplir estando en la cruz, que hubieran sido imposible de llevarse a cabo si el modo de ejecución hubiese sido otro. He aquí algunas:

a. La oportunidad de que muchos de los que pidieron su crucifixión se arrepintieran y fueran salvos más tarde, algo que ocurrió en ocasión del primer discurso de Pedro. Esto fue respuesta a su oración estando en la cruz: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. (Lc. 23:34)

b. Simón de Cirene fue reclutado para ayudar a cargar la cruz (Mr. 15:21). Este encuentro dramático con Jesús, de alguna manera tocó su vida y probablemente resultó en su salvación. En la carta a los Romanos, Pablo menciona en sus saludos finales a Rufo, hijo de Simón de Cirene, y a su madre, ambos siervos en Cristo apreciados por Pablo.

c. La salvación de uno de los otros dos crucificados.

d. La encomendación de su madre a la protección de Juan. (Jn. 19:26-27)

e. La entrega voluntaria de su espíritu humano. (Mt. 27:50; Mr. 15:37; Lc. 23:46)

Téngase en cuenta que no mencionamos las profecías que fueron cumplidas durante su estancia en la cruz. Pero esto lo dejamos de tarea para el estudiante que ama la Biblia.

Conclusión: Sólo la cruz, ningún otro método de ejecución hubiera hecho posible la ofrenda sacrificial de Jesús que garantiza nuestra salvación.

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NOTA del administrador: Para seguir leyendo este ensayo escrito por el apologista Pablo Santomauro, haga click en la parte 1 o en la parte 2.

Entendiendo la Cruz y la Resurrección Parte 1

Entendiendo la Cruz y la Resurrección Parte 2

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