Por pastor Daniel Brito
«Dichosos los que van por caminos perfectos, los que andan conforme a la ley del Señor.
2 Dichosos los que guardan sus estatutos y de todo corazón lo buscan.»* (Salmo 119:1-2).
Este Salmo comienza muy parecido al Salmo 1, y es el capítulo más largo de la Biblia. El Salmo también comienza con un “Dichoso”, o “Bienaventurado, o “Feliz”, refiriéndose a los que andan conforme a la ley del SEÑOR. ¡Qué importancia tan grande le da el Salmista a la Palabra de Dios! Notemos que los que andan conforme a la Palabra de Dios, lo hacen porque guardan los estatutos de Dios en sus corazones. Es la Palabra de Dios la que cambia nuestra forma de pensar, algo que no me canso de repetir, y es la Palabra de Dios la que nos guía en el camino que debemos llevar.
Claro que la obra la hace el Espíritu Santo quien nos guía a toda verdad, como dice el Evangelio de Juan 16:13, usando Su Palabra en nuestras vidas. Debemos notar que la emoción y las experiencias, no producen un cambio en nosotros. Sí es verdad que la emoción es parte del ser humano, pero no podemos vivir de la emoción, porque la emoción es pasajera, porque cuando llega la prueba, la emoción se derrumba, pero cuando la Palabra de Dios es el centro de nuestra vida, y es atesorada, eso quiere decir que es leída, estudiada, oída, y guardada en nuestro corazón, llega a ser como fuertes columnas en nuestras vidas, que en medio de las pruebas, nada las derrumba. Para terminar, veamos lo que dice Spurgeon al respecto.
«Bienaventurados los que guardan sus testimonios. ¿Cómo? ¿Una segunda bendición? Sí, son doblemente bienaventurados aquellos cuya vida externa es sostenida por un celo interno por la gloria de Dios. Se adscribe bienaventuranza a aquellos que atesoran los testimonios del Señor;en lo cual se implica que escudriñan las Escrituras, que llegan a comprenderlas, que las aman, que persisten en la práctica de las mismas. La Palabra de Dios es su testigo o testimonio de las grandes e importantes verdades que se refieren a El y nuestra relación con El; esto deberíamos desear conocerlo; al conocerlo, deberíamos creerlo; al creerlo, deberíamos amarlo; y al amarlo, deberíamos defenderlo contra todo el que osara atacarlo.» (Charles Spurgeon en el Tesoro de David).
Que Dios les bendiga.
*Toda referencia Bíblica es tomada de la Biblia, Nueva Versión Internacional.
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